Los vecinos del Ventorrillo elevan al Parlamento sus denuncias sobre Penamoa

Los problemas en el asentamiento chabolista de Penamoa persisten a pesar de los derribos y los intentos de reorganización de la zona. La Plataforma Ventorrillo Desmantelamiento Penamoa ha presentado reiteradamente diversos escritos para denunciar dicha situación ante las administraciones públicas sin recibir hasta el momento respuesta alguna. Según la Plataforma, organismos como el Ayuntamiento de A Coruña, la Fiscalía Provincial, la Xunta, el Delegado del Gobierno en Galicia y hasta la propia presidencia del Gobierno de España hacen "oídos sordos" ante los problemas planteados. 

En este sentido, ante la falta de respuestas y soluciones, el consello comarcal de Esquerda Unida Coruña en colaboración con dicha Plataforma, han decidido encauzar las denuncias utilizando la vía parlamentaria. Para ello, a través del portavoz del grupo parlamentario de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares, han formulado una pregunta ante el Congreso de los Diputados sobre si se conocen los  importantes riesgos que entraña para la salud el asentamiento de Penamoa y qué posibles soluciones se pueden plantear desde el Gobierno. 
El objetivo de esta iniciativa es que el Ejecutivo español se implique en la adopción de soluciones directas o subsidiarias y de esta forma obtener una respuesta, en este caso escrita, que rompa con el silencio administrativo que hasta el momento están manteniendo diversos organismos.
Desde la Plataforma vecinal denuncian que tras las últimas actuaciones no se han solucionado los problemas que genera el asentamiento. "Penamoa parece Sarajevo porque seguimos sufriendo las consecuencias y las administraciones no están haciendo nada para solucionarlo" asegura Ana Oreiro presidenta de la Plataforma.
Oreiro explica que el tráfico de drogas en la zona ha ido en aumento de forma exponencial hasta convertirse en un centro neurálgico de venta de estupefacientes, lo que le ha valido la consideración del mayor supermercado de droga del noroeste. Asimismo, denuncia las lamentables condiciones higiénicas y la quema continua de plásticos con la correspondiente emisión de gases tóxicos. Todo ello agravado por la uralita que cubría las chabolas derribadas y que ahora se encuentra rota y dispersa por el asentamiento. Así, el amianto, material altamente tóxico y cancerígeno se encuentra desperdigado sin protección y separación como establece la normativa vigente.

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